Terror, fantasía y sensibilidad en el dia de la madre.
El pasado domingo 19 de octubre se celebró en nuestro país el día de la madre, en lo que fue una jornada agradable y cálida, anticipando la época veraniega que está cada vez más cerca. Y porque la vida está cargada de hermosas casualidades, ese mismo día se proyectó en el histórico Cine Lumière (Vélez Sarsfield 1027) a las 20hs, con entrada libre y gratuita, una película filmada íntegramente en nuestra ciudad, y que aborda la relación madre-hija de una manera por demás novedosa: hablamos de Marianela y El Cadáver (2023) de Julia Sofía Vega.
En el mes que se celebra el (no poco discutido) tricentenario de nuestra ciudad, el Cine Lumière armó una cartelera que destaca producciones realizadas en Rosario. Entre ellas aparece la anteriormente nombrada Marianela y El Cadáver (2023), dirigida por Julia Vega, cineasta local que ya cuenta con varios cortometrajes en su haber y que volvió a proyectar su película en nuestra ciudad, luego de su avant premiere el 11 de noviembre del 2024 (en aquella ocasión fue en otro emblemático cine de la ciudad, El Cairo). Definida por la propia directora como “una mezcla de Esperando la Carroza y E.T.”, la cinta nos cuenta la historia de Marianela (Valentina Oviedo), una joven de 19 años, que debe revelar un secreto a su complicada madre (Virginia Esparza) durante una caótica fiesta de cumpleaños mientras lidia con un problema mayor: un cadáver misterioso (Lenny Gonzalez) en su armario. (Sinópsis: IMDB)
El horror y el fantástico funcionan (o funciona, ya que puede ser pensado todo como un mismo género), en la gran mayoría de las veces, como los cuentos de hadas de nuestra época, ya que tienen un potencial metafórico y alegórico casi infinito, lo que permite que las más diversas problemáticas se aborden desde este género tan particular. Y justamente, lo que otorga particularidad a este género es la presencia del monstruo o de lo monstruoso. Ya sea como zombi, fantasma o monstruo de la naturaleza, lo importante del arquetipo del monstruo es que en él se encarnan nuestras dudas y nuestros miedos, ya sean sociales ya sean personales, y su presencia en la historia hace que uno, como espectador, se enfrente con dichos temores. En este caso, lo monstruoso viene encarnado en El Cadáver, protagonista fundamental de la historia. Pero en él ahondaremos más adelante.
Así, el domingo 19 a las 20hs, en un Lumière a sala prácticamente llena, vimos la historia de Marianela, una joven que se enfrenta a algo tan difícil como inevitable, que es el paso del tiempo y el crecer, y todo lo que eso conlleva. Entre los momentos destacables de la jornada, vale la pena mencionar que fue presentada previamente por la directora y que, antes de ingresar, los espectadores podían llevarse unos bellísimos souvenirs, compuestos por stickers y un hermoso fanzine detallando cómo nació y se produjo la película. La misma, que originalmente era la tesis universitaria de Vega, en la carrera de realización audiovisual de la UAI, fue creciendo y terminó por consolidarse como una película íntegramente autogestiva, hecha a puro pulmón y, seguramente, a sangre, sudor y, especialmente, lágrimas.
Marianela y el Cadáver es una película difícil de catalogar o encasillar, ya que abarca varios géneros; por momentos una comedia, por momentos un dram a con un toque fantástico,siempre sensible, siempre sincera y siempre personal. Tal vez, si uno quisiera definirla en pocas palabras, se podría decir que es un coming of age con elementos fantásticos. ¿Cómo nació, entonces, una propuesta tan original? “Me interesaba llevar a la literalidad la frase de todos tenemos un muerto en el armario” comentó Julia al presentarla, quién también escribió el guión junto a Nicolás Basualdo. Y con este puntapié inicial ingresamos a una historia y un mundo que, a pesar del elemento fantástico o sobrenatural, nos es increíblemente familiar. Todos hemos estado en reuniones familiares ruidosas, disfuncionales, por momentos incómodas pero también con un sincero y extraño afecto (por lo menos, por algunos de los presentes, si no por todos). Hay un balance muy interesante en la película, ya que a pesar de tratar sobre un tema que puede ser pensado como profundamente dramático y hasta triste, también es increíblemente graciosa; prueba de esto fueron las constantes y estruendosas risas del público durante toda la cinta, que por momentos hacían difícil de escuchar los diálogos de lo que estábamos mirando.
Como se mencionó anteriormente, la figura de lo monstruoso, representada en este caso por El Cadáver, tiene una especial importancia en el género, puesto que ese monstruo siempre está representando algo más que el monstruo en sí mismo; pensemos, por poner un ejemplo, en Godzilla: no es (solamente) un lagarto radioactivo gigante, sino que también es la encarnación de un trauma histórico y social de Japón. Y, en este caso, El Cadáver no es solamente un cadáver; es la representación de los miedos que tiene Marianela pero, al mismo tiempo, es también una compañía y una solución a esos miedos. Así, El Cadáver, encarna y representa aquello que Marianela todavía no puede soltar para crecer. Solamente amigándose con ese monstruo que representa el crecer es que Marianela puede, justamente, vencerlo y crecer.
La especial potencia de Marianela y el Cadáver radica en su universalidad; todos hemos crecido, todos hemos atravesado ese pasaje de adolescentes a adultos, cada uno como pudo, con sus virtudes, sus defectos y, por supuesto, no exento de turbulencias. Y es justamente por eso que el final nos conmueve: porque uno ya no sabe si en la película está viendo la historia de Marianela, las dudas que vienen con la edad de Valentina, la vida personal de Julia o si uno está viendo su propia experiencia representada en la pantalla grande.
Luego de la película, hubo una serie de preguntas y respuestas a Julia Vega y a parte del elenco, sobre la película en sí y también sobre la experiencia y el proceso de producirla de la manera en qué lo hicieron. Proceso que no solamente fue arduo y costoso, sino que también contó con cierta cuota de inconsciencia; “si sabía en lo que me estaba metiendo capaz no lo hacía” admitió la directora entre risas.
Para finalizar, hay que destacar la importancia que tiene que este tipo de producciones sigan existiendo, especialmente en un contexto donde la cultura, tanto a nivel local como a nivel nacional, se encuentra bajo ataque permanente. Marianela y El Cadáver es una película que nace por fuera del “circuito oficial” de producción, alejada de la industria, pero que sin embargo está logrando abrirse paso en festivales nacionales e internacionales; vale la pena mencionar que tuvo su estreno nacional el 05 de diciembre de 2024 en el BARS. Es clave, en este sentido, apoyar como espectadores este tipo de producciones para que sigan existiendo, puesto que es importante ver nuestros lugares, nuestras casas, nuestras costumbres representadas en la pantalla: no es sólo cine argentino en este caso, es cine rosarino, con todo lo que eso conlleva. Es realmente importante que seamos nosotros quiénes contemos nuestras propias historias, y no que las cuente gente que viene de afuera. Por suerte, hay nuevas voces decididas a hacer esto y no dar el brazo a torcer. Solamente hay que saber escucharlas.
Texto Por Santiago Montorfano \ Fotos por Santiago Montorfano y Camila Montorfano


