Hermandad que confluye en suaves instantes

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Gente Insoportable

4 noviembre, 2025

Una unión escénica relajada y fantástica

Dos bandas del indie rosarino que comparten integrantes y tienen en común una fuerte performatividad arriba del escenario: Suave Lomito y Matienelinstante coparon Refi el viernes 17 de octubre en una velada a full reposera.

Antes de llegar a la sala de recitales no sólo nos espera el stand de merch de la banda sino también una instalación del grupo Archipiélago dándole una vibra chill y veraniega al ambiente: dos reposeras, sombrillas, soditas y los infaltables muñecos de globo, escenario ideal para posar y chapear fotos con tus amigos. 

La confluencia de lo teatral y humorístico con lo musical caracteriza a la banda desde sus inicios. El evento es invadido por un programa de streaming muy particular. Su presentador tiene una larga pero frustrada trayectoria, está mal informado y no sabe manejar muy bien sus emociones- personificado por el comunicador, productor y gran amigo del frontman, Ignacio Noviski-. Tampoco entiende las indicaciones de “Luigi” (Juan Sebastián Baldoni), su productor; y “Charito” (Renzo Candia), el cameraman, lo sigue por todo el escenario y hace todas las tomas que puede. Luego de sortear las preguntas inoportunas e insistentes de “El Goma”, el quinteto liderado por Matías Suleimen abrió la noche.

Emotividad inmersiva y frescura performática que traen al presente corpóreo los recuerdos, puede ser un buen lema para describir la experiencia de Matienelinstante. La sonoridad etérea de los elementos digitales y la potencia de lo analógico se amalgaman en armonía y nos adentran en una narrativa nostálgica, por momentos, fresca y groovera, por momentos, cruda y noisy. Mauro Parrino marca el ritmo con la batería suave y precisa, Franco Amherd dispara la ambientación de ensueño en su teclado, Cata Druetta en guitarra aporta la dosis justa de ruido y distorsión y Nuria Clerici acompaña con el ímpetu del bajo. Mati Suleimen canta las letras melódicas con voz suave y afinada y se mueve entre la introspección consciente y un plus performático que rompe las barreras con el público con complicidad. 

El show comienza con “El Rey”,  primer tema del disco más reciente La Teoría del Todo Bien (2023). Se escucha la guitarra y el bajo al estilo groovero del pop progresivo y el sintetizador que ameniza el clima etéreo en sintonía con la batería suave, mientras el vocalista canta el estribillo “Todo lo cambié/ por la soledad del rey/ me buscaba el karma” la gente ya está moviéndose- poco más, poco menos- tímidamente. 

Sonaron las canciones infaltables de ese mismo disco: “Como un Día en el Mar” con la voz y la bata suave como hilo narrativo mientras las cuerdas y el sinte acompañan su vibra sensual y calma; el desgarro frenético y nostálgico de saber cuándo es momento de irse de “Nuestra Versión”; y la melancolía cruda de crecer de “Lo mismo”. En este último tema, Mati Suleimen agarra la guitarra eléctrica y, frente a frente, a dúo con Cata Druetta logran un clímax sonoro ruidoso imprimiéndole toda la potencia a los acordes. 

 “Adónde va un corazón que cree que todo tiene arreglo/ estoy corriendo con la luna/ me estoy perdiendo para siempre”. La banda, además, tocó tres nuevos temas: “No llego más”, “Funes” y “Corriendo con la Luna”, de tinte melancólico pero no menos motivador gracias a los destellos poperos que otorga el sinte. 

En la última tríada de temas sonaron los ya conocidos de La Teoría del Todo Bien, bailados y cantados por un público más suelto. Entre ellos, “Algo nuestro” de donde sale el nombre del disco y suele ser el más coreado en los shows. Esta vez no fue la excepción y se repitió el mantra: “Algo nuestro/ me hizo pensar en tiempos pasados/ que creía que las cosas eran de una forma/ y no era así/ y se complica mi teoría/ del todo bien”. 

La presentación de Matienelinstante culmina con la crudeza rockera de la mano de la guitarra tajante de “El Tiempo Que Quiero”. Matienelinstante es la introspección a los recuerdos que marcaron el alma; la dulzura popera y la distorsión rockera son los compañeros del viaje. 

Ahora, Mati Suleimen pasa al teclado y Franco Amherd a.k.a Franni irrumpe la escena con un look trapero- capucha encima y lentes negros- y se abre paso como frontman de Suave Lomito. Franni no sólo es un gran vocalista que sabe jugar y variar con su impecable color de voz. Además, se destaca por su presencia suelta cuando baila al ritmo del flow arriba del escenario. Completan la formación Gabriel “Tano” Rosignoli en batería, Fede Tierra en guitarra y, en el lugar de “El Welti”, quien está en bajo ahora es Fermín Sagarduy, músico bajista y productor reconocido de la ciudad. Es la primera fecha para esta nueva formación de la banda de pop progresivo, ninguna sorpresa para quienes asistieron a la última-  cuando “El Welti” fue “decapitado” por Franni con una espada de globo haciéndole guiño al disco-.

Aunque parezca un oxímoron, es verdad. Suave Lomito irrumpe con fuerza en el escenario con “Mi Clan”, primer tema de Sortija, su disco más reciente. Tano Rosignoli marca el ritmo a golpe seco, el sinte desprende un clima de suspenso y Franni comienza a recitar con voz suave como si le dictara a nuestra conciencia: “Acordate/ creo que me queda poco para olvidar/ recordame/ el nombre que me pueda hablar/ acordate/ que aunque cueste no te quiero besar/ recordame que si no te sirvo me tire en otro lugar”. Los cambios de ritmo le imprimen al tema sorpresa y versatilidad. La batería toma un ritmo frenético. Franni, por momentos, recita a la velocidad de Schumacher; por otros, canta despacio en un tono angelical. ¿Y el público? Responde a la adrenalina asintiendo con la cabeza y las manos sintiendo el flow.

Le siguen dos temas del mismo disco: “Sentís el peso” y “Sangre”. “Ya sentiste el peso de lo que es cambiar”, dice el primero. Un abrazo de la juventud adulta a su niño interior; de esencia groovera y minuciosa, con bajo bien marcado, batería frenética, guitarra sutil, teclado a ritmo lento y que- al estilo jazzero- a veces desprende un suave efecto acompañando los finales de verso sin invadir ni distorsionar la afinada voz de Franni. A continuación y contrapuesto, llega con un tinte oscuro: “Sangre”. La voz, su efecto coreado y el ritmo vertiginoso de los instrumentos analógicos y digitales relatan la experiencia desesperada y decepcionante de un niño en un carrusel que tranquilamente puede ser una metáfora existencialista. 

El momento en que el público toma la posta. La gente exclama “Ferchito de Oro” y “Rica Fede” en estos dos interludios homenaje para manijear al bajista y al guitarrista, respectivamente, a hacer lo suyo. Pasados los minutos de fama y en sintonía con el clima exaltado, empieza a sonar “1 Par de Manos” y la ovación a su lírica polémica copa la sala. La instrumentalidad es funcional a los versos ocurrentes y jocosos: las cuerdas gruesas y la percusión digital aguda simulando un xilo, equilibran las dosis de drama y humor de la narrativa. El estribillo gana fuerza con el coro de Mati Suleimen y me atrevo a decir que es uno de los más coreados por el público: “Te queremo encontrar solo y tirado/ para encajarte un par de mano/ hay que buscarte a donde sea/ vamo dale que quema/ este regalo”.

Mención especial para “No Duermo”. Amelia (Sagarduy), cantante y compositora del indie rosarino, subió al escenario y cantó con voz dulce y etérea junto a Franni. Una composición digital minuciosa de múltiples capas donde las voces flotan en los efectos sonoros a lo Thundercat. 

Suave Lomito tocó más temas de Sortija (2025): “Pitucón”, “Schumacher”- el más trapero del disco- y el popero groovy de ensueño “Coma Diabético”:  “Es que me dio/ un coma diabetico/ por tu dulzor/ casi me morí”. Este último, una obra maestra creativa, humoriza acerca de la experiencia de enamoramiento y tiene varios guiños al pop nacional; por ejemplo, nos recuerda a Mi Amigo Invencible por su sonido, a Miranda por el tono de voz- aunque, por momentos, también nos transporta a los coros de Jacob Collier- . 
 
Además, sonaron dos temas del primer disco Lomitology (2020): “Caminar”, “33333” y- para coronar la fecha- “Atrapad2”, generando una complicidad nostálgica cargada de goce, sobre todo, entre quienes siguen el proyecto desde los comienzos. Cantando: “Siempre atrapado en el mismo lugar” y moviendo los hombros al ritmo del groove, el público despidió la velada.

Texto Por Mariana Pilar Sosa \ Fotos de Guido Castellotti